Como buena piscis que soy, a veces necesito alejarme para volver y tomarme un espacio de tranquilidad para reflexionar sobre la vida y sus circunstancias... nah puro blablá, tenía más pega que la chucha, no tengo otra explicación más plausible que esa. Pero heme aquí nuevamente, lista para entregarles esta reseña que hace tiempo ronda por mi cabeza. Alguna vez leí en una de esas revistas de Emol o Caras, que siempre leo cuando hago trámites o espero que me atiendan en las oficinas, que aunque uno rompa la cuenta corriente comprando las cremas más caras del universo antiarrugas, que aunque uno no acepte nada que no sea francés en el rostro o que por más que invirtamos en carísimas cremas de diseñador, no sacamos nada si no nos protegemos adecuadamente del "factor arrugador" por excelencia. Y no, no me refiero al pucho/cigarrillo (que igual está en un terrible segundo lugar), sino que les hablo del astro rey (no, no es Michael Jackson), sino del Sol, que todos los días nos brinda luz, que nos da vida y felicidad, vitamina D para fijar el calcio en nuestros huesitos y adquirir bronceados fascinantes, pero también con sus rayos ultravioletas nos provoca quemaduras muy dolorosas, fotodermatitis o alergia al sol, manchas, vitiligo, lunares mutantes e incluso arrugas prematuras y hasta cáncer. Si, el Sol tiene muchas cosas buenas, pero también muchas malas si nos descuidamos.
Esta es una buena metáfora del sol, puede ser adorable y hacernos muy felices, pero al mismo tiempo arruinar nuestra vida y llenarnos de arrugas. Igual que las guaguas xD

